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¿De donde vienen nuestros congresistas, y en general todos nuestros políticos?

No provienen de otra galaxia ni de ningún otro planeta

Publicado: 2017-06-15

Nos paramos quejando siempre de la actuación de nuestros políticos sin querer entender que ellos son hechura de la misma sociedad de la cual nosotros mismos formamos parte. Por lo tanto, son fiel reflejo de esa gran porción de la población cuyas inquietudes transcurren por el interés que les despierta la política, aunque no precisamente para servir a la sociedad de la cual proceden y de la cual forman parte, sino para servirse de ella. Eso significa que no debemos esperar cambios milagrosos de gente nueva que entre a formar parte del mismo conglomerado, lo que Natura non da, Salamanca non presta. 

Es decir, los que vengan a continuación y los que vendrán después serán cortados por la misma tijera. Por eso es que resulta absurdo desgañitarnos censurando a diestra y siniestra por todo aquello que nosotros mismos haríamos igual o peor (salvo muy escasas y honrosas excepciones). ¿Cómo le vamos a pedir peras al olmo? Nuestra sociedad es la única proveedora de insumos políticos para desarrollar las actividades públicas del país, y esos insumos son los mismos que provee para las otras actividades privadas, de modo que caballero no más , no hay derecho al pataleo.

Esto indica que la única forma de salir del atolladero es mediante la educación de nuestro pueblo, y para lograr eso tiene que haber una auténtica decisión de hacerlo. Pero, ¿estamos preparados para hacerlo? Y más importante aún ¿la generación actual, con tantas taras que trae a cuestas, quiere realmente hacerlo? Por lo que vemos en nuestra realidad cotidiana, y por la permanente y acelerada expansión del cáncer de la corrupción y la delincuencia, la resistencia al cambio resulta en el momento actual invencible. La colosal tarea de la revocación de nuestras nefastas costumbres no es tarea de un iluminado. Necesitamos, si, a un iluminado, pero para que lidere una verdadera revolución que nos haga llegar a un mejor destino. Pero él tiene que poder contar con un equipo mínimo de colaboradores con la misma intención y capacidad para que nuestra sociedad pueda encauzarse por nuevos rumbos.

Hablar de revolución siempre causa escozor en las personas timoratas o cobardes, porque piensan en huestes de desadaptados aventando bombas molotov a diestra y siniestra, sembrando el caos público. Nadie está hablando de revolución violenta; en los tiempos actuales, y con el auge de la tecnología, la misma praxis revolucionaria tiene que cambiar, pues aquí no comulgamos para nada con los colores políticos que la tradición suele atribuir a los movimientos sociales. Se necesita ser un conservador de cualquier signo político, aún de los llamados de izquierda, para no entender que TODOS han fracasado. Y para muestra basta ver lo que está pasando en las filas del Frente Amplio, donde una vez más se da la pelea entre perros y gatos que es clásica en la gente de esta tendencia.

Es que lo que ahora está en juego es la lucha por la sobrevivencia en el planeta tierra, y ella tiene que conllevar los aspectos no solo de defensa del medio ambiente sino también, de una vez por todas, de la justicia social, la cual jamás será obtenida sino incorpora valores que se han ido diluyendo en la historia de la humanidad, como la solidaridad, el respeto a los demás, la honradez, la puntualidad, el cumplimiento a los compromisos contraídos, y de paso el reforzamiento a la auto estima.

Mientras el dios CAPITAL con sus heraldos libre mercado, sistema económico neoliberal, índices de pobreza, competencia canibalesca, oferta y demanda, etc, sea lo único que marca el destino de la gente en todos los momentos y aspectos de su vida y para siempre, resulta incongruente preguntarnos ¿en qué momento se jodió el Perú?. Se jodió junto con el resto del mundo desde el momento que la humanidad permitió engendrarse a una sociedad de consumo, vacía por completo de valores éticos y morales que le permitieran una existencia que, con los altibajos propios de la vida, pudiera disfrutar de todas las ventajas de la creación y de las buenas relaciones sociales.   

Si no creemos en esto, nuestra búsqueda a través de cada elección seguirá siendo igual y los resultados también iguales o peores. Estamos dentro de un proceso de descomposición acelerada donde lo único que hacemos es dispararnos a los pies. Ojalá que desde el gobierno se les ocurra tomar, de una vez por todas, la bandera de los cambios profundos y radicales dirigidos a modificar nuestro comportamiento social, para lo cual deberán proclamar en toda ocasión y en toda tribuna, que asumen esta tarea contra viento y marea, para dejar bien advertidos a los enconados defensores del statuo quo que esto ya no da para más.

 



Escrito por

Julio Andre Checa

Cambiar es lo que necesitamos con urgencia. Aceptemos el cambio apoyándolo y promoviéndolo. Poco o mucho, como corresponda, pero cambiemos


Publicado en

Rigor y monerías

Análisis y comentarios con énfasis en temas políticos, culturales, deportivos y del día a día.