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La cojudez es peruana

Lo que pasa entre nosotros no tiene parangón

Publicado: 2018-02-04

Es difícil mantenerse impasible frente a la tromba representada por todas las cosas absurdas que suceden en nuestra patria. Esto no guarda relación con todo lo sucedido en épocas pasadas, no obstante reconocer que la cojudez hace mucho tiempo que tomó carta de ciudadanía peruana, pero antes se mostraba bastante más tímida y recatada mientras que ahora se manifiesta a cada momento y en todas las actividades de nuestra vida diaria.

En estos momentos se exhibe en toda su miseria en una campaña ridícula y sin mayor sustento, a no ser el de la cojudez extrema mostrada por todos los que la promueven a pesar de haber fracasado en su primer intento. Me refiero a la campaña de la vacancia presidencial, donde el absurdo aberrante proviene de la acusación de corrupción sin haber habido juicio alguno de por medio, excepto el juicio político interesado de los grupos que se vienen destripando por acceder al poder y no precisamente para trabajar a favor del pueblo (el cojudo mayor) sino para adueñarse totalmente de la corrupción que alegan combatir.

¡Y la mayor acusación es que el presidente ha mentido a cada momento! Yo no se si ha mentido a cada momento, lo que se es que la mentira es la vía de navegación normal por la que camina toda nuestra sociedad, es decir, mentirosos acusando a otros de mentirosos. ¡No pues! Una vacancia presidencial debe basarse en hechos concretos, quitar la presidencia que provino de una votación popular sin que haya habido de por medio traición a la patria debidamente comprobada, es la cojudez mayor porque eso es jugar con la presidencia del país como si el tema fuera un juego de niños. Y cuando los adultos juegan como niños hacen gala de cojudez extrema.

Aquí se mezcla la mentira con el indulto y se ha llegado al extremo de llevar a la Corte Internacional un tema que está regido por nuestra propia constitución. Este planteamiento no hace otra cosa que avalar que en nuestra instancia judicial nunca se llega al término de cosa juzgada

Si PPK no puede defenderse adecuadamente, es suficiente hacer un ligero ensayo mental trasmutando a Alan García en lugar de PPK e imaginar si con las acusaciones tan poco graves y precisas que le hacen a este último, los cancerberos de la vacancia se atreverían a intentarlo con el primero. ¡No, no y no! Alan se los come vivos y se ríe en sus narices, porque a ojos de este no sería otra cosa que temas anecdóticos de poca monta del día a día.

El pueblo es el cojudo mayor porque asimila mansamente todo lo que le dicen los que lo usan para sus fines particulares, convirtiéndose en el mejor aliado de los facinerosos. Estos hace mucho tiempo que saben que la práctica que les favorece es empacharlo con la misma cantaleta pues debido a su falta de criterio y selección, suele quedarse y hacerse dueño de esas prédicas a las que se apega con afán casi sagrado. Al haber perdido capacidad de elegir, se endulza con lo primero que lo convence y de allí no quiere apartarse. De ello se valen, por ejemplo, los productores de programas televisivos como Combate o Esto es Guerra que entre nosotros pueden durar años de años en sintonía. 

Hay muchas falacias que los interesados remarcan constantemente hasta convertirlas prácticamente en hechos irrebatibles. Por ejemplo, que la pena de muerte no es disuasoria. Pues bien, puede que no lo sea pero lo seguro es que el individuo que cometa un delito de magnitud inconcebible, al ser eliminado no volverá nunca más a cometer otro igual.

Algo similar pasa con el tema de los subsidios, en este caso a los agricultores. Todos los comentaristas, muy sueltos de huesos, alegan que el estado no tiene por qué hacer uso de nuestros impuestos para solventar actividades productivas o comerciales. En primer lugar no son tus impuestos, porque con lo que tú pagas, dado que eres evasor empedernido, no alcanzaría para nada, y en segundo lugar los impuestos nacen como consecuencia del pacto social  que rige la vigencia del estado. ¡Y los agricultores forman parte muy importante de ese pacto social, pues no estamos hablando de productos secundarios o de lujo, sino de alimentos de primera necesidad por los que el estado tiene que velar para no desabastecer a las comunidades! Tratar estos temas con desenfado digno de mejor causa es también muestra de cojudez galopante.

Si queremos ubicar el rasgo primario de la cojudez no hace falta más que mirar las caras de nuestros políticos que allí está reflejada su cojudez en toda su magnitud. Caras como las de Becerril, Salaverry, Mulder, Velazquez Quesquén, Arana, las Letona, Bartra y much@s otr@s no necesitan otra carta de presentación. Y por supuesto V.A.Belaúnde en primerísimo lugar. Y no me vengan con el cuento de que los estoy ofendiendo, en todo caso la culpa será de los que tuvieron participación en su construcción genética.

Lo único que debería ser motivo de todas nuestras preocupaciones es que nuestros jueces y fiscales se vacunen contra la cojudez, porque solo de ellos depende el futuro esperanzador de nuestra nación.


Escrito por

Julio Andre Checa

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Publicado en

Rigor y monerías

Análisis y comentarios con énfasis en temas políticos, culturales, deportivos y del día a día.