no cree en los 'boticarios'

REVISTA DATOS     

¿Delincuentes? tiene que probarse, ¿Mentirosos? ¡Totalmente!

Por lo menos, todos los mentirosos califican perfectamente para delincuentes

Publicado: 2018-08-02

¿Puede haber delincuente que no sea mentiroso? ¡imposible! El primer paso para calificar como delincuente en la universidad de la vida, es ser mentiroso. Y en nuestro país la inmensa mayoría califica con alta nota.

Por eso resulta aberrante que altos magistrados de la justicia peruana pontifiquen diciendo que alguien de su categoría que deslizó mentiras, no merece castigo porque tuvo que haber algún motivo para que mintiera. Quien defiende esta postura desde su alta posición judicial, merece ser retirado ipso facto de su carrera, apartado totalmente porque su mal ejemplo es tanto o más pernicioso que el de su camarada que mintió. Este ha dado un mal ejemplo, pero el otro, el que defiende lo actuado por el infractor, está proclamando carta libre para que cualquiera lo siga.

En general, el corrupto puede pertenecer a una de estas dos categorías: corrupto sin merecimiento de un ápice de consideración, y corrupto con una mínima reserva de vergüenza. El primero es el corrupto que, pese a todas las evidencias que se muestran, defiende a ultranza "su integridad y honestidad" sin tomar ni siquiera conciencia del papelón que hace, incrementando la censura por su desvergüenza hasta los límites del asco y el repudio general. El segundo es aquel que en todo momento de su corrupta conducta sabe que está procediendo mal y al ser descubierto se rinde, aceptando "caballero"  que allí terminó su juego.

En el segundo, la mentira es un instrumento para apoyar la comisión de su delito, en el primero es simplemente su forma de actuar cotidiana, no sabe hacerlo de otra manera que desparramando en su camino mentira tras mentira.

Lo peor de todo es que parece ser que nosotros, los peruanos, traemos el estigma de la mentira en nuestros genes. Si recordamos bien, la trilogía de mandamientos en el incanato era ama llulla, ama shua y ama quella, o sea no mientas, no robes y no seas ocioso, y, como decía mi padre, es evidente que la gente ya en aquel entonces adolecía de esos tres "defectos", pues si no hubiera sido así no habría habido necesidad de recomendar y exigir que se cumpliera con ese mandato imperial.

La gente se cuida mucho de no robar, por temor a ser descubierta y de no ser haragán porque la necesidad obliga a la chamba, pero de no mentir.......¡guácala! no nos obliguen a eso, porque hasta para prometer que no lo volveremos a hacer ya estamos mintiendo. En nosotros es un mal endémico, un estilo de vida, una necesidad perentoria para andar por la vida sintiéndonos igual que los demás, y más pintado que cualquiera. 

Y lo peor de todo, ¡por mi madrecita!, es que todo el mundo atraca ante las mentiras. Es como un escudo para defender nuestras propias mentiras. Y cuanto más trome para el farol y el chamullo, más valemos. O por lo menos así creemos, ¿verdad Mulder, verdad Becerril, verdad alditus? Y también así lo cree y lo pregona la activa señora "K".

De modo que traemos en nos la materia prima para la delincuencia, la de mejor calidad que es la mentira. Así que si nuestros magistrados consideran que una mentirilla es cosa menuda, sin mayor descalificación, le están dando alas a la corrupción y a su avance incontenible.

Es como si en el momento del juicio, cuando salen a luz las mentiras, el juez dictamine: ¡ya, ya! pasemos las minucias y vamos a los temas que de verdad significan delitos que merecen penas. Y como el manejo de la mentira es cosa trillada, tanto acusado como jueces juegan su partido haciendo caso omiso a las mentiras. De donde resulta que el hecho más repugnante y punible puede pasar piola si el mentiroso es lo suficiente convincente para que le crean cuando dice "cúcara mácara, títere fue, yo no fuí, fue teté...", y al final del justo proceso el veredicto sea "¡Fue Tete! y cómo está inubicable se cursará pedido a la Interpol para que lo ubique y lo detenga. CASO CERRADO."



Escrito por

Julio Andre Checa

Cambiar es lo que necesitamos con urgencia. Aceptemos el cambio apoyándolo y promoviéndolo. Poco o mucho, como corresponda, pero cambiemos


Publicado en

Rigor y monerías

Análisis y comentarios con énfasis en temas políticos, culturales, deportivos y del día a día.