¡que sigan trabajando!

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No se salva nadie

Alguna persona limpia de polvo y paja sería un lunar: es imposible

Publicado: 2018-08-24

A estas alturas de la gran exhibición de la extendida corrupción pública y privada en el Perú, resulta ingenuo creer que en los conglomerados donde ella campea se pueda encontrar una sola persona que no haya sido salpicada por el barro.

¿Cómo se puede creer que en ambientes donde se cruza información, datos, chismes, denuncias, etc., haya gente que vive ignorando todo lo que acontece a su alrededor? Eso es simplemente imposible. Si es difícil de mantener el secreto de las andanzas extra maritales u otras pecadoras dentro del hogar a pesar de que ellas se realizan casi siempre fuera del mismo, resulta imposible no incriminarse en actos dolosos cuando ellos se efectúan en el lugar de trabajo porque allí transcurre la gran mayor parte del tiempo que uno consume diariamente.

Los llamados despectivamente "verdecitos" y que son los humanos que se resisten a caer en actos deshonestos, no viven dentro de esas cofradías cuya razón de vida es la corrupción. En el fondo la única competencia que se maneja al interior de esos antros consiste en acaparar la mayor parte de casos que, ensuciados por toda una vida delictuosa, ofrecen irresistible atracción para los mafiosos (que son todos) que los incorporan a su cartera de "clientes" o amigos para asegurar sus sucios ingresos de rutina, y coludidos entre todos para blindarse entre si, siempre con una pretendida honestidad que no tienen ni por asomo. Si "la rosa que ha nacido en el pantano aunque el mundo no quiera es una flor", en estos pantanos no hay forma de que brote una sola flor.

De modo que no hay manera de creer en uno que otro personaje que jura ser más puro que una virgen o un santo. Apliquemos lógica pura, ¡no hay forma de que eso ocurra! ¿Qué queremos, que en medio de un lodazal surja un sapo limpiecito y vestido de frac, corbata y sombrero de tarro?

Si somos lúcidos y avisados nos daremos cuenta fácilmente que todos los corruptos, sin excepción alguna, vuelcan sus baterías sobre aquellos a los que llaman caviares. Si estos "caviares"  son sus enemigos jurados, todo indica que son la reserva moral del país, de donde resulta un lujo que a uno le chanten el sambenito de "caviar". A poco que todos tomemos conciencia de este hecho tan notorio, será generalizada la ilusión y la esperanza de que nos metan en ese saco. ¡Papá, mamá, yo quiero ser un caviar!!


Escrito por

Julio Andre Checa

Cambiar es lo que necesitamos con urgencia. Aceptemos el cambio apoyándolo y promoviéndolo. Poco o mucho, como corresponda, pero cambiemos


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Rigor y monerías

Análisis y comentarios con énfasis en temas políticos, culturales, deportivos y del día a día.