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UBICAÍNA

Tienen que aprender a respetar la figura presidencial

Publicado: 2018-09-18

El presidente de la república, que representa a la nación, es el hombre más importante del estado y del país durante el periodo de su vigencia al frente de los destinos de la patria. En funciones su trabajo no lo hace con preferencias a ningún grupo social, tiene que ser de efectos igualitarios en todos los componentes de la sociedad.

Un congresista es uno de ciento treinta (1/130). Por lo tanto su presencia frente a la sociedad es minúscula en comparación con la del presidente de la república. Si el presidente falta (viaje, indisposición por enfermedad o vacancia) debe ser reemplazado por el vice presidente; si un congresista falta no pasa nada, faltó y punto, su inasistencia no significa mayormente nada.

Los congresistas representan a un grupo muy pequeño dentro del concierto de la población total del país, y con mayor razón en cuanto se deben a sus electores que solo son gente de su misma tendencia política. Solo alcanzan la debida estatura en equipo, como Congreso de la República, en cuyo caso la representación colectiva le corresponde al presidente del parlamento, la cual es solamente por el término de un  año.

En resumen, son desproporcionadas las ínfulas de los congresistas a título personal cuando se atreven a ponerse pico a pico con el primer mandatario. Desde su proporción de 1/130 en realidad aparecen como super enanos frente a la figura del presidente, el cual  adquiere así la talla de un enorme Gulliver ante una comparsa de enanitos.

Por todo ello es inadmisible que cualquier congresista se atreva a pechar al presidente. Éste, en retórica figura no muy lejana con la realidad, simplemente debe sentir las malacrianzas, pataletas y groserías del atrevido o atrevida, como las de un molesto mosquito que está fastidiando la paciencia.

Los congresistas deberían tomar conciencia que su actitud solo incrementa su ridícula presencia en estas sus monigotescas piruetas ante las cámaras y los medios de comunicación. Verlos desfilar muy campantes, y más aún cuando lo hacen en grupitos, crea la ilusión en los ciudadanos de estar viendo el desplazamiento chistoso de pequeños pitufos muy orondos e ignorantes de su ínfima talla.

Así una Letona o una Bartra, a ojos del presidente Vizcarra no debe pasar de una  pulga fastidiando, tanto como un Becerril un alacrán al que hay que alejarlo con la punta del pie, o un Mulder convertido en un perrito de chacra enano, cuyos esforzados ladridos de estentóreos ¡¡guau guau!! deben llegar a oídos del primer mandatario como débiles y lejanos ui ui....

En conclusión, las pataletas de los enanitos no deberían ser ni siquiera tomadas en cuenta por el señor presidente, individualmente no tienen suficiente representación para enfrentarse al primer mandatario, salvo que lo hagan respetuosamente y con la venia del mandatario. La envidia por el cargo que ostenta el presidente, y con mayor razón por la forma como llegó a él, perfectamente democrática, no debería estimular la clase de reacciones que exhiben los recalcitrantes enemigos gratuitos de Martin Vizcarra. Un poco de UBACAÍNA señores y señoras, en el Perú son muchos los llamados y pocos los escogidos, confórmense, a ustedes no les tocó y punto.


Escrito por

Julio Andre Checa

Cambiar es lo que necesitamos con urgencia. Aceptemos el cambio apoyándolo y promoviéndolo. Poco o mucho, como corresponda, pero cambiemos


Publicado en

Rigor y monerías

Análisis y comentarios con énfasis en temas políticos, culturales, deportivos y del día a día.