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La indignación del tramposo

Invade todos los ámbitos de la noticia

Publicado: 2018-10-29

Existen dos clases de tramposos, los caballeros y los conchudos (con sus respectivos femenino más).

El tramposo caballero (tramposo o mentiroso o delincuente o pecador, etc.) es aquel que mantiene una dosis razonable de honor, que se manifiesta cuando es descubierto en falta grave con un simple "ya perdí, caballero no más"

El tramposo conchudo es aquel que pone el grito en el cielo y da muestras de indignación suprema, cuyo único fin consiste en impresionar a los ingenuos para que crean en su inocencia. Este tipo de indignación no es difícil de ser descubierta para el observador acucioso, es la indignación alimentada no por el honor mancillado o el insulto injusto y denigrante, sino por la rabia de haber sido descubierto.

El tramposo caballero depone su actitud defensiva para allanarse a los dictados de la justicia, sin esperar que su gesto sea apreciado y merezca alguna consideración especial, sino porque la esencia de su personalidad no le permitiría el auto perdón si intentara conmover al público con poses teatrales, el asco que le daría su actuación escénica sería para su orgullo peor que la vergüenza ocasionada por el delito cometido y descubierto.

El tramposo conchudo es incapaz de someterse dócilmente al juicio que su mala conducta merece, todos sus actos de defensa son efectuados con el convencimiento de que son justos para defenderse, y que por lo tanto su indignación ante las denuncias corresponden a la reacción que haría cualquier persona ofendida que se sintiera afectada en su honor, sin reparar que el verdadero culpable de hacer trizas a su honor es él mismo.

Ahora mismo podemos ver y reconocer esta descripción del tramposo conchudo (con su género femenino más) en los juicios que se llevan a cabo a cada instante contra personajes que son juzgados por corrupción con varios grados de gravedad. Todos estarán de acuerdo que hasta el momento no hemos visto aparecer al tramposo caballero (con su género femenino más), lo que no habla muy bien de nuestra casta corrupta. Hasta en este sentido nos hemos venidos a menos.


Escrito por

Julio Andre Checa

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Rigor y monerías

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