¡lluvia de millones!

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Después de la decepción llega la satisfacción

Apareció la mejor versión del bello fútbol peruano

Publicado: 2019-07-04

Fue desde el comienzo del partido. El planteamiento del juego indicaba muy a las claras que Gareca se había transformado una vez más en el hada bienhechora de la Cenicienta, y la había vestido con sus mejores ropajes para presentarla al baile con carroza y todo, con elegante conductor y pajes, encandilando a propios y extraños. Y el cuento se convertía en una realidad que superaba todo lo anterior, para mostrarse como por arte de magia y en tiempo real, en los lugares más apartados de la tierra.

Esta columna podría ser hasta huachafa si no se condijera con lo que se sucedió en realidad en el estadio del Arena do Gremio, en Porto Alegre, puesto que la testificación de millones de espectadores, desde Brasil hasta los extramuros del planeta, dígase Africa, Europa, Asia, Oceanía, todos los rincones de América y los polos mismos, no deja mentir. Y la licencia de emperifollar la notable gesta deportiva con el ropaje de los cuentos de hadas se justifica porque en verdad el mundo ha sido testigo, boquiabierto, de algo que estaba viendo y le parecía mentira. ¿Qué como lo sabemos? Los comentarios que llegan de todos lados certifican la agradable sorpresa que el desempeño de la escuadra rojiblanca ha causado en todas las latitudes del planeta.

¿Y cual es el porqué de estas reacciones? Es que un equipo que ha sido goleado inmisericordemente por el dueño de casa, y cuya primera reacción positiva fue levantar cabeza con Uruguay con el apoyo de un justiciero VAR, no llegaba ante el mundo con las suficientes credenciales como para vencer a un Chile que llegaba a su vez al compromiso con el antecedente de una contundente victoria sobre una de las selecciones favoritas para alzarse con el título, Colombia, y dejando la impresión de ser una meta inalcanzable para el Perú que recién se lavaba de sus heridas.

Pero la transformación fue espectacular y sorprendente: apareció el Perú de sus mejores e históricas apariciones internacionales. Elegante, sobrio, contundente, y sin perder su condición de contrincante de carne y hueso que en muchos pasajes del compromiso tiene que luchar con todas sus armas para evitar que el rival le haga daño y se levante desde su desesperación y decepción para morder con rabia al inesperado contendor cuyo desempeño no estaba previsto.

Eso que describimos y no otra cosa sucedió en esa cancha brasileña. Los comentaristas de todas las latitudes lo confirman, y todos los aficionados del mundo sabemos que eso significa una inusitada expectativa para el gran desenlace de este domingo. ¿Perú colocará la cereza del pastel a esta nuestra final soñada? Si repite, y con mayor razón si mejora su performance, puede hacerlo. Si así fuera, el éxito será por partida doble: El título después de 44 años y la venganza del 5 a 0 aún fresco en nuestro recuerdo.

De todas maneras, esperemos que el hada siga haciendo su tarea, y que el zapatito de vidrio calce a la perfección en las finas extremidades inferiores de los nuestros, para que se justifique también la también huachafa frase de tener buen pie aunque corrigiéndola en el sentido estricto de lo que es y siempre fue: tener una técnica refinada. Esa técnica que el futbolista peruana históricamente adquirió desde niño, en el barrio y en la pista, cuando se formaba el grupito a pelotear, pero con toquecitos exquisitos que incluían, taquitos, cabecitas, chalacas, paradas de pecho, matadas de bola y todo el menú que así se aprendía a cocinar y que se conocía con el pomposo nombre de ACADEMIA. Esta "academia" nacida de modo espontáneo, no solo concedía a los practicantes esa técnica refinada de que hablamos, si no que también permitía que todos los practicantes desarrollaran a su vez sus dotes de arquero, pues el puesto en el arco para parar los remates que el juego libre y preciosista generaba, era rotativo y los jugadores que hacían el gol entraban luego a tapar y se esforzaban por conservar el puesto el mayor tiempo posible. De esta manera el barrio colaboró inmensamente con el potrero, adonde llegaba después toda la prole para poner en práctica en la cancha grande todo lo aprendido en el reducto vecinal. Esa fue la partida de nacimiento del fútbol que muchas veces admiró el mundo y que anoche volvió a presentarse ante sus deslumbrados ojos.

Y fue Gareca, un sabio y observador entendido en el arte de las pelotas (en todo sentido), el que se ha encargado de sacarle lustre a estas nuestras linajudas virtudes futbolísticas que el mundo entero mira con complacencia. La única acotación que debemos hacer es preguntarnos que tan comprometido está Ricardo Gareca con sus engreídos peruanos como para desechar las ofertas y la presión que sin duda llegará ahora más que nunca desde su tierra de origen, la futbolera Argentina, que va a intentar repatriarlo para que desarrolle en su país la labor que le devuelva el brillo que siempre tuvo y que no merece perder nunca por todo lo que significa el fútbol gaucho para el mejor deporte inventado por la humanidad.

En fin, esperemos confiados pero con la tranquilidad que el asunto amerita, el partido por el campeonato de América. El Perú ha hecho méritos suficientes para pretenderlo, sobre todo levantarse no desde sus cenizas porque nunca permitió que el incendio llegara hasta consumar su destrucción total, sino desde la gran quemazón que significó la goleada brasileña. Sería lindo que esta gesta dejara en última instancia este ejemplo para la posteridad, el equipo maltratado para zafarse rápidamente de los efectos de ese doloroso momento y convertirse en airoso triunfador contra todo pronóstico. Somos capaces de hacerlo, el Perú está hecho para esta clase de sufrimientos con desenlace feliz. Pero si no lo alcanzamos, que por lo menos quede el recuerdo de un partido final en que entregamos todo por una causa redimible, mostrándonos al mundo como un digno adversario para enfrentar retos enormes sin desmayar.

Nuestra esperanza tiene fundamento, hinchemos de orgullo nuestros pechos y dediquemos el partido a nuestro inolvidable jet J.J. Muñante, cuya aura seguramente iluminó al equipo para hacernos recordar el golazo que en su momento le marcó al equipo araucano en su propio suelo.


Escrito por

Julio Andre Checa

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Publicado en

Rigor y monerías

Análisis y comentarios con énfasis en temas políticos, culturales, deportivos y del día a día.